jueves, 10 de agosto de 2017

1717-2007: la obra de Antonio García-Baquero

No, no se trata de un error, no me he confundido en la segunda fecha, en todo caso trato de corregir lo que me parece un olvido injusto.

En el año 2007, a principios de mayo, murió Antonio García-Baquero González, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Sevilla, uno de los mejores modernistas que ha dado la historiografía española de cualquier época, que fue profesor mío cuando yo empezaba a estudiar Historia y, después, amigo.
Antonio García Baquero dedicó su trabajo de investigación, primordialmente, a la Carrera de Indias, a la fiscalidad y al comercio ultramarino en el siglo XVIII, centrando su trabajo en el papel de Cádiz en dicho intercambio mercantil. Desde su primera investigación, su tesina, dedicada a la decadencia económica de Cádiz tras la emancipación americana -publicada con el antetítulo Comercio colonial y guerras revolucionarias-, hasta su obra cumbre, esencial en todos los sentidos, Cádiz y el Atlántico (1717-1778). El comercio colonial español bajo el monopolio gaditano.
Después vendrían, además de Libro y cultura burguesa en Cádiz: la biblioteca de Sebastián Martínez (1988), nuevos trabajos sobre el comercio indiano, como La Carrera de Indias: suma de contratación y océano de negocios (1992), o El comercio colonial en la época del absolutismo ilustrado (2003), entre otras muchos trabajos.

Sin Cádiz y el Atlántico, donde García Baquero analiza todo el período del monopolio gaditano, conoceríamos mucho menos sobre lo que se quiere conmemorar con el Tricentenario. Editado por primera vez en 1976, Cádiz y el Atlántico, que fue reeditado en 1988 por el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz, sigue siendo una lectura imprescindible para conocer el período que se inició en 1717.
Por eso me parece de justicia, en este año del Tricentenario, recordar a Antonio García-Baquero y su excelente trabajo sobre el comercio ultramarino en el siglo XVIII y sobre la labor de la Casa de Contratación en Cádiz entre 1717 y 1778.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Protestas



Santa Inés 2 y San Miguel 7

En el concurso 242, que quedó desierto, Francisco Gómez dio una respuesta que no era acertada, pero hay que reconocer que los exornos se parecen.

Este es San Miguel 7, dpldo, en la fachada de Gaspar del Pino:

Y este el de Santa Inés 2:
Se parecen mucho, pero no son iguales, en el segundo la palma tiene 9 hojas, frente a 7 del primero, y hay más detalle en el enlace entre el círculo solar y la palma.

Romaní, el alcalde y los autónomos

Foto: Diario de Cádiz

Ignacio Romaní, cumpliendo su función de incordiar al gobierno municipal, retuerce una información sobre el descenso del número de autónomos en Cádiz, lo califica de desastre y culpa al alcalde, José María González Santos, y recuerda la feliz época del teofilato. Lo malo de la argumentación de Romaní es el final, cuando dice que el actual gobierno del PP da "un apoyo claro al autónomo".

Como se sabe que Ignacio Romaní prepara sus intervenciones, no cabe duda de que conoce que, en el año 2017, el gobierno presidido por Mariano Rajoy incluyó en los Presupuestos Generales del Estado una nueva subida de la cuota de los autónomos, unos 8 euros más cada mes, pero a Romaní se le olvidó decirlo, se le pasó especificar cómo apoya el PP a los trabajadores autónomos: aumentando la presión fiscal.

Claro que también se le olvidó a Romaní decir que los autónomos españoles son, comparativamente, los que más pagaban de Europa en 2016, como se puede comprobar aquí y aquí, por eso, para ayudarles, el gobierno de Rajoy les sube las cuotas.

lunes, 7 de agosto de 2017

Pescando en Cortadura

Y comenzando el ocaso, sobre las 21 horas.

Corregido

Escribí no hace mucho, tras leer un panel de los que difunden el Tricentenario en la calle Beato Diego, que hablar de veraneo en el siglo XVIII me parecía exagerado e inadecuado, y trataba de explicar por qué me lo parecía; quien quiera recordarlo, puede verlo aquí.

No sé si por lo que escribí, o por cualquier otra razón, lo cierto es que alguien lo ha corregido, o para ser más exacto, han borrado la frase "ya se veraneaba en Cádiz".



sábado, 5 de agosto de 2017

Yo expongo

Con esa corta frase encabezaba Yolanda Vallejo un artículo que, algunos, han considerado excesivo, por personalizarlo, por atribuirse un protagonismo en el texto que, seguramente, la autora no pretendía darle, ya que Vallejo hacía una reflexión lúcida sobre algo que parece evidente: cuando no se puede, no se debe.

Es duro, pero también es cierto que trabajar con pocos medios y con prisas, puede provocar resultados, en parte o totalmente, frustrantes. Y eso es lo que ha podido pasar con las exposiciones del Tricentenario de las que Yolanda Vallejo habla en su artículo.

No me habían hablado bien de la que se puede ver en los claustros de Diputación, pero creo que no está tan mal. Considero que el principal problema es que le sobra espacio y faltan objetos, como evidencia el exceso de piezas de La Caridad que contrasta con la escasez de otras de diferente temática y, sobre todo, la parte final es excesiva. Faltan piezas y contenido, y el espacio expositivo se rellena con cajas y con reproducciones de imágenes muy conocidas, dispuestas como un mosaico, para cubrir un pasillo que, imagino, se hizo largo a los responsables de la exposición. Pero el comienzo y las primeras partes, con una escenografía bien realizada y piezas acordes a lo que se pretendía contar, insisto, no está mal.

La de Unicaja es distinta, aquí me imagino a los responsables acongojados, intentando cubrir tres salas, para las que contaban con escaso contenido y muy poco argumento. Eso explica que, para cubrir las paredes, se haya recurrido a fotografías, sin duda de calidad, pero ya conocidas, a recortar figuras igualmente conocidas, que encajan, unas y otras, en una cronología variable: igual sirven para fines del siglo XVIII, que comienzos del XIX. Sin embargo, sorprende la falta de rigor historiográfico cuando se exponen objetos fuera del contexto histórico de la exposición, piezas del siglo XIX.

Es posible que muchos visitantes desconozcan que Fortuny pintó "La vicaría" en 1870, por lo que el abanico que reproduce la escena quizás pase desapercibido, pero los billetes del Banco de Cádiz, de 1846 y 1847, la prensa y el telescopio del siglo XIX, la factura de 1851, o el juego de café de 1860, entre otras piezas, no deberían estar en una exposición dedicada al siglo XVIII.

Creo que a eso se refería Yolanda Vallejo con su "Yo expongo": si no se puede, no solo no se debe, es que no hay que hacerlo.

   

viernes, 4 de agosto de 2017

Concurso 242

Está en Cádiz, ¿dónde?

De premio, recortes de hostia de las monjitas de San Carlos.




jueves, 3 de agosto de 2017

Cigüeñas

En la bodega La Gitana, de la empresa Hidalgo, en Sanlúcar de Barrameda, han conservado una antigua torre de conducción eléctrica, sin uso hace años, para preservar un nido de cigüeñas.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Aprender a nadar en Cádiz en 1778


El 30 de agosto de 1767 un individuo se tiró al agua vestido en el puerto de Cádiz, donde estuvo una hora y diecinueve minutos flotando y nadando. Con la ayuda de una tina, que debió lanzar al agua antes y en la que llevaba diversos objetos, demostró qué se podía realizar en el agua si se conocía la técnica que pretendía demostrar, así, cogió papel y pluma para escribir, leyó unos papeles, comió y bebió, se fumó un cigarro, aparentó dormir la siesta, cargó una pistola y disparó, además de tocar la flauta y arrastrar con una cuerda un bote repleto de gente (Gazeta de Madrid, 15 de septiembre de 1767. La noticia, fechada en Cádiz el 1 de septiembre de 1767).

El personaje que realizó esta demostración de habilidad para mantenerse en el mar, se llamaba Carlos Galup, que pretendía demostrar lo fácil que era nadar y mantenerse en el agua, siempre que se siguiera lo que denominó el “método galupiano”. La demostración, que atrajo a muchos curiosos al cantil del muelle, no pasó desapercibida, como constata la publicación de su hazaña en la Gazeta de Madrid.

Poco sabemos del personaje, apenas que Carlos Galup era natural de la Villa de Calella, Principado de Cataluña, donde debió nacer hacia 1716. También, que fue, en 1747, Ayudante Mayor del Cuerpo de Voluntarios de la República de Génova en la guerra del mencionado año, tal y como indica en el opúsculo que publicó. Y que en 1756, residiendo en Cádiz, cuando el comerciante “matriculado” Francisco Galup solicitó permiso para ir “a Indias” indicó que llevaría como amanuense (también dice el documento, como criado), a Carlos Galup. Es en ese documento donde se dice que Carlos Galup era soltero de complexión fuerte, blanco y de 40 años (A.G.I., Contratación, 5.500, Nº 1, R. 16, solicitud de 21 de diciembre de 1756).

Poco más conocemos, aunque se puede intuir que Galup perseveró en sus demostraciones, como demuestra el opúsculo cuya portada encabeza esta entrada del blog.

Efectivamente, Carlos Galup publicó “una carta” escrita a un amigo, en la que exponía la utilidad y las ventajas de aprender a nadar según el “método galupiano”, aprendizaje válido para personas de ambos sexos, para lo que intentó publicar un manual que, al parecer nunca vio la luz, ya que murió el editor y la publicación se suspendió. No obstante, en la “carta”, Galup proponía a la corona la creación de una Academia de natación en Madrid, para lo que mostró su disposición de trasladarse a la Corte.

No parece que su propuesta al rey tuviese eco, sin embargo, el 10 de septiembre de 1778 logró que el ayuntamiento de Cádiz, tras conceder permiso el gobernador, le diera licencia para abrir una Academia de Natación en Cádiz (A.H.M.C., A. Cap. 10/9/1778). De este proyecto, y del permiso concedido por el ayuntamiento gaditano, se hizo eco el Mercurio Histórico y Político, que recogía una noticia fechada en Cádiz el 26 de enero de 1779 en la que se resumía la demostración de Galup en el puerto gaditano el 30 de agosto de 1767, citaba la “carta” de 1776, y recomendaba la iniciativa de Carlos Galup por considerarla beneficiosa y acorde con los tiempos modernos que corrían (Mercurio Histórico y Político, febrero de 1779).   

No sabemos si la academia llegó a abrir sus puertas en Cádiz, pero parece ser que no, puesto que, según Xabier Torredabella-Flix –citando a J. Ortiz (1842)-, ese mismo año de 1779 Galup debió marcharse a Barcelona, donde, al parecer en esta ocasión sí, estableció “una escuela pública de nadar en seco”. Cuenta también Torredabella-Flix que las ideas de Galup tuvieron eco en prensa extranjera, como el Journal de Litterature, des Sciences et des Arts y The Sporting magazine (Xabier Torredabella-Flix: "Antecedentes históricos del arte de nadar en España (siglo XVI-1807)", Ágora, 17, agosto 2015, pp. 182 a 201).

Una noticia más podemos aportar sobre este curioso personaje. En 1786, cuando el navío San Pedro de Alcántara regresaba a España cargado de caudales de América para la corona se hundió, Carlos III encomendó al Francisco Javier Muñoz el rescate de cuantos bienes pudieran sacarse del navío hundido, tarea que Muñoz, con marinos adiestrados en el buceo, realizó con gran éxito. Como consecuencia de ello, Carlos III ordenó que, bajo la dirección de Muñoz, se habilitase la que sería primera Escuela de Buzos en el año 1778. Pues bien, entre las peticiones de Francisco Javier Muñoz para cumplir el mandato real, fue prioritaria la contratación de su amigo Carlos Galup como entrenador de natación y apnea.